clasificación teórica de estas manifestaciones -que se basa en las elaboradas por Louisa Rhine y Óscar Gonzáles Quevedo- nos permitirá entender este fenómeno con mayor claridad.
- Sueño telepatico: en un 65% de los casos de percepción extrasensorial estudiados por Rhine la recepción del mensaje se produce durante el sueño, ya sea mediante símbolos o imágenes concretas.
- Telepatia espontánea vigílica: estando despierto el receptor -y sin que él o el emisor se lo propongan- recibe de forma inesperada una comunicación que puede adoptar diversas formas.
- Intuición telepatica: Repentinamente, irrumpe en la conciencia una idea o imagen intensa y ajena a lo que está pensando el receptor.
- Alucinación telepatica: en psiquismo recibe la información psíquica, pero la conciencia la percibe como algo externo, teniendo la impresión de que se está siendo captada por sus sentidos físicos, como si se tratase de algo real o de una aparición fantasmal.
- Lectura o adivinación del pensamiento: el receptor logra captar los contenidos psíquicos de otra persona, sin contar con la intervención conciente de ésta.
- Transmición del pensamiento: un agente o emisor intenta enviar algún tipo de información hacia un sujeto o receptor.
- Telepatia sobre el inconciente excitado: parece más sencillo captar los contenidos mentales (estimulados por una asociación de ideas, emotividad, etc.) en el inconciente de otra persona que adivinar los pensamientos conscientes de ésta.
- Sugestión telepatica: para G. Quevedo implica en el emisor un intenso deseo -conciente o no- de sugerir al receptor algo que éste parece captar espontáneamente; L. Rhine aplica este término a aquellas situaciones en que el emisor provoca telepáticamente en el receptor un estado hipnótico o intenta transmitirle algo durante esta situación que favorece la recepción psíquica.
- Subyugación telepsíquica o hipnosis telepatica: dominio psíquico de otra persona. En opinión de Quevedo, este fenómeno jugaría un papel en sucesos como los hechizos, las maldiciones y el curanderismo. Semejante posibilidad parece absolutamente anticientífica desde la óptica positivista occidental, pero en Rusia esta modalidad se practica con éxito desde hace mucho tiempo y su viabilidad se ha comprovado experimentalmente. Existen además otros fenómenos que pueden ser vistos como telepatia, sin serlo, como los basados en la asociación de ideas que se dan entre quienes conviven, aquellos en los que un sujeto adivina lo que el otro piensa basándose en ciertos indicios y los derivados de la hiperestesia, que nos permite percibir -gracias a la agudización de los sentidos- estímulos sensoriales mínimos. Sería posible incluso interpretar el pensamiento de otra persona captando los movimientos reflejos fisiológicos involuntarios e inconscientes que acompañan a toda imagen y pueden expresarse a través de todo el cuerpo, como hacen algunos ilusionistas o <<mentalistas>>.
Los experimentos de transmición telepatica durante los cuales los instrumentos que permiten medir las variables fisiológicas registran variaciones apreciables cuando se transmite una imagen cargada de significación emocional para el receptor, aunque éste no sea conciente de la recepción de las mismas, son una confirmación adicional de la naturaleza inconciente de las experiencias psíquicas.
Se ha sugerido que quizás la percepción extrasensorial sea a nuestros sentidos físicos el equivalente de lo que la visión periférica es a nuestra vista, extendiendo en amplitud y en profundidad el campo de la información disponible, aunque no tengamos conciencia de ello.
¿Se comunican por medio de telepatia la madre y el bebé?
Algunos psicoanalistas y psiquiatras han ido más allá en sus investigaciones, considerando la simbiosis materno-filial como la <<cuna>> de la percepción extrasensorial. Según Jung y algunos de sus discípulos, la relación madre-hijo representa <<una situación arquetípica por excelencia>>, en la cual tiene tendencia a producirse la telepatia, circunstancia confirmada por muchas madres y padres.
Un conocido estudioso de la vida intrauterina, Tom Verny, sostiene que los sentimientos y pensamientos de las madres embarazadas afectan directamente al feto por medio de un fenómeno desconocido que no puede explicarse en términos de comunicaciones psicológicas y conductistas. También se han realizado estudios que indican que, en la relación entre padres e hijos, pueden observarse elementos telepaticos durante las fases primarias -e incluso otras más tardías- del desarrollo del niño. Un argumento importante a favor de esta hipótesis parecen ser los numerosos caso en los que una madre siente un impulso inexplicable, oye la voz de su hijo o incluso le visualiza y corre hasta dónde éste se enfrenta a una situación de peligro, justo a tiempo de evitar un accidente fatal.
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